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Democracia deliberativa y antiterrorismo: Introducción : sociedad red y tecnologías de la información

Introducción : sociedad red y tecnologías de la información
La evolución de la tecnología y la industria está asociada de forma directa con el desarrollo histórico de las sociedades. Desde el comienzo de los tiempos el incremento del acervo cultural ha permitido a la especie humana instrumentalizar el entorno natural en su provecho. El desarrollo de la capacidad cerebral del hombre va unido a su competencia para tomar conciencia y realizar una mayor comprensión de la información a cotejar . Más allá de eso, la historia de la humanidad está preñada de un esfuerzo continuo, cargado de competencia entre iguales, por el acceso a la información que nos dota de capacidades especiales en relación a nuestros semejantes. Esa, y no otra, es la razón del desarrollo del espionaje a lo largo de los tiempos, aunque no siempre haya recibido esa denominación. La supremacía en el control de los contenidos informativos ha supuesto una baza capital de unos grupos sociales sobre otros. Los romanos perdían batallas porque no habían perfeccionado la técnica del uso del estribo y el bocado en sus monturas, los alemanes fueron derrotados por las Fuerzas Aéreas británicas durante la Segunda Guerra Mundial por la razón de que no disponían de acceso a la tecnología del radar, los servicios de inteligencia diversifican sus contactos y sus fuentes. En definitiva, el conocimiento y el saber es un arma, un instrumento útil, sea contra un adversario o para potenciar las propias capacidades.

Un ejemplo claro de la primera afirmación es el desarrollo de la tecnología bélica, tanto en tiempos de guerra como de paz. Sin embargo no es necesario limitarse a enfrentamientos claros y diferenciados, en los que los contendientes tienen la impresión de estar desafiándose mutuamente. El desarrollo de ciertas competencias tecnológicas ha permitido a lo largo del paso de los siglos a unas culturas imponerse sobre otras, en ocasiones por la fuerza de las armas, pero en otras por la presión de ese mismo acervo cultural. Un ejemplo claro es la imprenta que permitió la expansión del saber y su mayor accesibilidad. Esto, desde luego, no debe interpretarse en términos de superioridad cualitativa de unas culturas sobre otras, sino simplemente de una mayor competencia para imponerse sobre las demás. En este punto siempre destacan los medios o instrumentos desarrollados para divulgar, transmitir o recibir información. La era de la “audiencia de masas” encuentra su nacimiento o su génesis embrionaria con la imprenta de Guttenberg, que facilitó la progresiva vulgarización del saber, en tanto lo hizo accesible a estamentos sociales que hasta enconces no disponían del tiempo o los recursos necesarios para la adquisición de libros . Después vendrían los diarios impresos y los boletines de noticias. No obstante, no sería hasta la llegada del siglo XX con la evolución de la ciencia electrónica cuando se desarrollara una interacción más nítida entre medios de comunicación y poder, y de forma más específica, entre medios corporativos de comunicación (que incluyen diversas elites sociales dentro de una esfera de influencia variable y recíproca con los medios de difusión informativa ) y un auditorio cada vez más universal, que de forma inicial se extendía a las fronteras del propio Estado para luego alcanzar proyecciones más internacionales.

El avance moderno de las telecomunicaciones ha contribuido a esta realidad de forma exponencial. Cada vez es más patente lo que desde hace tiempo de denomina la “brecha digital” entre las sociedades post-industriales con acceso a tecnología digital a nivel masivo, y las que no disponen de tales medios. De la misma manera, este fenómeno se da en el seno de las mismas sociedades industrializadas entre los mismos ciudadanos que tienen acceso a tales herramientas y los que no. Dependiendo de la estructura social y de la profundidad y la conciencia del Estado del bienestar en estas cuestiones la misma urdidumbre administrativa puede disponer parte de sus recursos a favor de la ciudadanía. No obstante, en la gran mayoría de los países occidentales el acceso a los mismos, con la notable excepción de los países escandinavos y en especial Islandia, depende de las capacidades privadas. Cuestión diferente es, y esto es algo a poner de relieve, el progresivo abaratamiento de estas tecnologías que en conjunción con un modelo social en el que para su estabilidad depende de la satisfacción económica de las clases medias estas puedan pertrecharse de las mismas de forma generalizada. El “descuelgue” tecnológico se da, entonces, entre aquellas personas que por motivos de edad o económicos no pueden satisfacer la puesta a disposición de este umbral mínimo.

El más sencillo y relativamente fácil acceso a la información es una de las causas del auge de la competitividad social: la mayor capacidad personal o grupal generalizada de acceso a medios de comunicación-coordinación casi instantáneos hacen de los demás (sean empresas o particulares) oponentes más duros. La disponibilidad de estos medios informáticos y tecnológicos se encarnan en una mayor competencia o aptitud en la que los distintos agentes sociales tratan de entrenarse o desarrollar a fin de competir en igualdad de condiciones. Se establece así una lógica cíclica en el sistema social: una mayor capacidad informativa ofrece una posición de privilegio, los diferentes actores pugnan por alcanzar el mismo grado de competencia que los más aventajados, lo que hace a su vez a éstos incentivar la investigación y el desarrollo de nuevas aptitudes .

Paralelamente se da un fenómeno también capital. El desarrollo de estas tecnologías y su cada vez mayor sencillez y disponibilidad hacen que el concepto de distancia y tiempo se vean cada vez más de una forma relativa al empleo de las mismas. Es decir, cada vez más la ausencia de necesidad de localizar en un mismo punto todos los elementos funcionales de una estructura para hacerla eficiente va desapareciendo. En motivo de la centralización en grandes estructuras masivas de recursos era, precisamente, paliar esta realidad. Condensar en un único punto estratégico los recursos necesarios de personal reducían los costes en tiempo y dinero. En suma, fomentaban la eficiencia. No obstante, esta es una realidad que desde hace tiempo se viene resquebrajando. Una vez sorteado este handicap, en el que las comunicaciones o mejor su ausencia o poca fiabilidad eran un escollo, la lógica racional en términos de eficiencia se impone. La globalización tan célebre no es más que el reflejo de una deslocalización sistemática . La globalización de la economía de bienes y servicios está directamente relacionada con la descentralización de la producción: las plantas productivas se desplazan allí donde los costes son menos elevados en la medida en que lo permite la disposición estructural de la empresa para aumentar el margen de beneficios. Del mismo modo, la esfera económica de las clases medias permite en una medida desconocida en tiempos pasados el acceso a medios de transporte rápidos y eficientes que permiten, con una mayor facilidad, el acceso a mercados lejanos. Ejemplo de ello puede ser la oferta turística de terceros países o las compras por internet. El juego de oferta-demanda globalizada tiende a hacerse común y habitual, dentro del marco de una economía cada vez más global e interdependiente .

El espacio social, en suma, en la medida en que diversifica sus nodos vitales que le permiten seguir latiendo estrecha los lazos entre elementos cada vez más distantes. Y es que la distancia, para la toma de decisiones y la evaluación de un entorno contingente, es cada vez más irrelevante. Tenemos múltiples ejemplos de ello. El mercado de valores globalizado es uno que lleva ya tiempo ofreciendo réditos . La estrategia militar es otro campo en el que se lleva años trabajando. El análisis de lo se denomina en términos técnicos como “teatro de operaciones” está cada vez más relacionado con lo que se conoce como “guerras virtuales”. En este término las comillas son muy necesarias, ya que las víctimas y el sufrimiento que todo conflicto armado entraña siguen allí. La población sigue sufriendo las consecuencias de los bombardeos. El desarrollo de las armas inteligentes no puede enervar los efectos letales que conlleva su empleo, de un lado porque los avances en ingeniería informática y de armamento son falibles, y de otro porque el elemento humano sigue presente. La mayoría de los errores o el aumento exponencial de los llamados “daños colaterales” están relacionados generalmente con una mala gestión humana. Todo esto se vio, periódicamente, más claro con la primera Guerra del Golfo, posteriormente en Bosnia, y finalmente tras el 11S en Afganistán e Irak. El término “guerras virtuales” se refiere no a su ausencia de conexión con la realidad, sino a una tele-representación de la misma que permite a los mandos militares tomar decisiones estratégicas mientras permanecen alejados del conflicto, cercanos a sus infraestructuras de inteligencia y decisión política .

Esta relación conjunta entre los diversos nodos que sostienen el sistema es, entonces, bidireccional. Es decir, de un lado y como hemos visto, el entramado general extrae su funcionalidad de la dispersión, pero en cierta medida a consecuencia de ella se torna vulnerable. La interconexión que opera entre los distintos nodos funcionales hace que en caso de que uno de ellos falle pueda extender una crisis por todo el entramado o por lo menos afectar a otros nodos distantes. Esto, como veremos seguidamente, es un efecto que del que se beneficia el crimen organizado moderno y el terrorismo internacional.

Y paradójicamente, el recurso inmunológico ante esta realidad es ahondar cada vez más en la descentralización que rige la lógica de la estructura en red. Se pasa así de un sistema de elementos autónomos pero interrelacionados a una auténtica red. La red, a diferencia del sistema, ahonda de forma simultanea en la versatilidad y autonomía de los diferentes elementos lo que permite al conjunto no ser dependiente de unas estructuras o directrices rígidas. Dicho de otra forma, las redes crean sobre la marcha sus propias directrices y las disuelven cuando las diferentes coyunturas que motivan la toma de postura concreta desaparecen: para resguardarse ante la incertidumbre, el elemento social tiende a la fungibilización de sus elementos o nodos. Los distintos puntos que lo sostienen se vuelven de esta manera prescindibles, fácilmente sustituibles por otros, capaces de organizarse de forma autónoma. A eso se suma, y es esto lo que caracteriza la identidad de las redes, el papel cada vez menos capital que desempeñan los nodos directivos. Es decir, en un paso más allá en la evolución a la que asistimos, los elementos que antes encabezaban la toma de decisiones empieza a desvanecerse. Los modelos de descentralización alcanzan un grado variable dependiendo de cuan lejos se llegue en estas medidas, pero lo cierto es que empiezan a vislumbrarse movimientos sociales que carecen de figuras que acaparan la toma de decisiones. Es decir, asistimos al surgimiento de colectivos que carecen de líderes específicos, en los que el consenso puede más que la jerarquía. Esto tiene dos consecuencias, una positiva y otra negativa. Es ésta la razón, y esta es su variante más oscura, por la que resulta tan complejo a los Estados hacer frente a movimientos terroristas internacionales, que han adoptado este modelo. Pero también abre una puerta a la esperanza, en la medida en que movimientos sociales agravillados en torno a la periferia del sistema social que antes hemos visto pueden ofrecer un ejemplar modelo de eficiencia de lucha contra los elementos terroristas, precisamente, mediante el uso eficiente de las estructuras en red. En el apartado correspondiente veremos cómo.

Realizaremos dicho análisis de forma secuencial. Primero analizaremos la cuestión del nuevo modelos de organización terrorista en red (el problema) para más tarde abordar las medidas que han de tomarse para contrarrestarlo (las soluciones). Dividiremos estas en dos bloques, el primero prestaremos atención al papel de los movimientos sociales en lucha contra el terrorismo y como, desde el entramado teórico de la democracia deliberativa es plausible (en nuestra opinión) un modelo de persecución de estos colectivos garantista con los derechos fundamentales y de miras más amplias que las meras operaciones policiales. El segundo está relacionado con el papel que los servicios de inteligencia desempeñan en la lucha contra este tipo de “organizaciones”. En este punto observaremos como, al menos en el caso español, algunas de estas agencias estatales escapan a los controles de legalidad mínimos que en términos de democracia deliberativa es requisito mantener. También apuntaremos algunas medidas que estos organismos deberían adoptar en relación al problema, así como ciertas directrices que reforzarían el papel y la legitimidad de estos servicios.

Pero eso será en otro post.

Saludos,

Angellus.

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