Sí, intentar venderlo.
Una de las prácticas que tengo que hacer en Wolfram & Hart se corresponde con la maravillosa práctica del telemárketing. Básicamente, consiste en llamar a las casas empleando la guía telefónica y en intentar que acepten contratar una póliza.
Total, tirao...
"¿Hola, muy buenas, le llamo de Wolfram & Hart. Estaría uste dispuesto en aceptar una solicitud sin leer el contenido específico de la póliza, facilitando datos personales por teléfono y recibiendo un presupuesto aproximado telefónicamente y que, por el momento, no cosnta por escrito? ¿Sí? Excelente... dígame cómo se llama usted, y de paso sus hijos..."
De lo más sencillo.
La verdad es que es un trabajo d elo más ingrato, más que nada por las reacciones de la gente. Entiendo que muchas personas llegan cansadas de trabajar por la tarde y están para pocos seguros; y también entiendo que la gene mayor desconfie de quien les quiere vender algo por teléfono, que las pensiones no están ara muchos trotes. Incluso entiendo que cuando ya te han llamado doce veces pierdas los papeles y seas desagradable.
Sin embargo lo que no entiendo es la total ausencia de educación. Que una persona que está haciendo su trabajo tenga que soportar que le dediquen piropos como "ladrón" o "hijoputa". ¿Ha tenido usted una mala experiencia con la compañía?... vale... ¿Está usted cansado?... vale. ¿Desea usted que no le molesten?... tiene toda la razón del mundo. Pero de ahí a cagarte en la madre que parió a alguien que lo único que hace es ganarse a vida hay un trecho. Es sorpendente lo fácil que es exigir a los demás y olvidar nuestros modales. Y antes de que nadie me diga nada acerca de lo pérfidas que son las corporaciones y empresas que emplean nuestros datos personales para realizar estudios de mercado, permítaseme recordar que siempre podemos pensarnos dos veces antes de firmar las cosas tachar la casilla en la que revocamos la autorización para emplear dicha información cuando contratamos algún servicio. Y si esto no nos convence, con razón pues no suele ser respetado, siempre podemos dirigirnos a la Agencia de Protección de Datos y pedir que nos incluyan en una de esas listas de "Robinsones", es decir, ciudadanos que retiran la autorización referida a que su nombre y dirección aparezca en bases de datos comerciales.
Pero claro, eso es complicado. Hay que moverse... es mucho más sencillo cagarse en alguien que no elige la estrategia de marketing de la empresa, que no recibe formación especializada en ventas por teléfono y cuyo sueldo depende de las pólizas que es capaz de cumplimentar al mes. Es decir, mentar a la madre de un ser humano que puede estar tan hasta las narices como usted de su jefe y que tiene que aguantar tantas impertinencias como usted al día o más. Pero claro, las personas que están al otro lado del teléfono no son verdaderos seres humanos, son escoria servil que no merece consideración ni ánimo, precisamente porque llevan a cabo una acción de servicio o una propuesta del mismo. Y en consecuencia, si estás para servir es que eres menos que el menda lerenda y por tanto se te puede recordar lo insignificante que eres como mecanismo de reafirmación personal. Oye, con los negros se hacía, ¿no? ¿Qué ha sido de esa buena costumbre?
La gente es la leche en escabeche. De verdad, ¿tan complicado es un sencillo "no estoy interesado, pero gracias por su llamada"? A mí me parece que no.
No sé ssi se da esta circunstancia por ignorancia, paletismo o mera mentecatez. Estamos de acuerdo en que deberían existir controles más expresos sobre cómo las compañías considen nuestros datos, pero ¿nos da derecho eso a tratar a los demás como si fueran basura? A ver si nos caemos un poquito del guindo, o por lo menos volvemos a prescolar a aprender otras vez las bases.
Y antes de que algún iluminado me comente que el trabajo de teleoperador es una mierda y que no es nada nuevo, que muchas personas están en esa situación desde hace tiempo y que así son las cosas que se lo ahorre. Eso lo sabemos todos y no me apetece un pijo escucharlo. Sin embargo lo que sí sabemos pero parece que se nos olvida es que todos tenemos derecho a ganarnos la vida sin tener que soportar que nos intenten hacer creer que somo escoria humana. Si tratamos a la gente a patadas es porque en el fondo nos importa más bien poco o por que nos viene bien para descargar adrenalina. todo el mundo tiene un día duro de trabajo, pero sólo lo usan como escusa los cobardes y los miserables.
Asco de gente...
Saludos,
Angellus.
Paz, amor y dvd´s para casi todo el mundo.