« ETA declara un alto el fuego permanente | Main | Cuernos y web-cams »

Por la libertad, la democracia, la paz y el fin del terrorismo: primeras reflexiones del alto el fuego permanente de ETA

Ayer, día 22 de marzo de 2006, nos encontramos ante un día histórico. Como suele ocurrir con muchos otros de la misma especie, empezó como uno normal, hasta que alcanzamos las 12:30 de la mañana. Fue entonces cuando ETA declaraba un alto el fuego permanente.
Ya han pasado las primeras horas en las que la prudencia era una necesidad capital. Los políticos se han andado con pies de plomo, el Gobierno y la oposición han esperado hasta comprobar el contenido del texto, y desde luego, a ver cómo se posicionaban las demás fuerzas políticas. Es lógico, muchas miradas estaban puestas en Mariano Rajoy y Jose Luis Rodríguez Zapatero. Mi gran miedo, durante las pasadas horas, se centraba en la reacción del primero, pues ha estado desde hace muchos meses al frente (no puedo decir si por convicción o por debilidad política dentro de su propio partido). Los posicionamientos del Gobierno y la oposición se han producido, y he de decir, que siento alivio.
Las declaraciones en el Congreso de los Diputados han sido comedidas, y hasta cierto punto, como ha ocurrido en el seno del PP, se ha empleado un tono más suave que el que se ha usado en un comunicado previo. A grandes rasgos, y hasta que encuentre un enlace con las declaraciones concretas, os la resumo:

- El PP apoyará al Gobierno en el marco del Pacto Antiterrorista, a fin de que no sea necesario pagar un precio político en el hipotético proceso de paz.
- El Estado de Derecho no puede dejar de funcionar y de cumplir con sus obligaciones, entendiendo por tal, que los jueces y tribunales no abandonen la presión contra el entorno terrorista y se mantengan los procesos que aún permanecen pendientes.
- El único comunicado verdaderamente importante es la declaración por parte de ETA de abandono de las armas, disolución de la misma y disposición de sus integrantes ante la Justicia.

He de decir que suscribo, con detalles, la postura del PP. Forma parte de lo que se debe esperar de un partido democrático y recoge reivindicaciones justas de muchos ciudadanos. Pero no voy a entrar en detalles ahora.

La posición de Zapatero se resume en estas líneas:

“Estamos ante una cuestión de Estado, y el Gobierno va a hacer todo lo posible para que la abordemos entre todos, y muy especialmente con usted”, ha dicho, dirigiéndose directamente a Rajoy. “Lo necesita la democracia. Nos han separado muchas cosas en los últimos tiempos. Pero tengo confianza en todos ustedes. Desde aquí le expreso que mi actitud será de máxima información y de máxima colaboración para que podamos ver ese horizonte que nos une de esperanza”, ha añadido Zapatero. “Son esenciales para que este proceso concluya como todos deseamos. Tengo confianza en ustedes, que han luchado mucho por el fin del terrorismo”, ha dicho el presidente del Gobierno a Rajoy y sus compañeros del Partido Popular.

¿Qué ha sucedido en el Parlamento?

A mi modo de ver las cosas, esta tregua ha resultado ser demoledora, en un sentido favorable, para con los discursos enconados y barriobajeros que se han dado en nuestros foros políticos en los últimos meses. Los representantes del PP no han vociferado, ni crispado el ambiente hoy en el hemiciclo. Evidentemente no se lo podían permitir. El PP se ha quedado, en apenas unas horas, sin discurso. O mejor dicho, el discurso que hasta hace poco, demagogo, populista, reaccionario mantenía ha quedado herido de muerte. El escenario es radicalmente diferente. Declarada una tregua, en un marco político en el que la enervación de la violencia es una posibilidad fáctica materializada y no un mero futurible susceptible de réditos electorales, la estrategia de “oposición dura” o de “acoso y derribo” carece de base estratégica o de responsabilidad institucional de todo punto. El PP no puede, en resumen, electoralmente ser recordado o pasar a identificarse con el partido político que, con un tono duro y poco responsable, eche por tierra una oportunidad histórica como la actual.

Sin embargo nada de esto importa ahora, o al menos, no nos debe importar. En el marco en el que nos encontramos escasa relevancia tiene si Mariano Rajoy ha metido en cintura a Zaplana o Aceves o si la cúpula del PP ha entrado en razón, mientras su actuación entre dentro de unos cauces sensatos de racionalidad. Zapatero ha sido, me parece, muy inteligente al entender esto y, textualmente, reconocer que el PP es el depositario de un gran sector de la voluntad popular al que ha de darse una silla la mesa en la que nos encontramos. Sencillamente, y hablando claro, el fin de la violencia, la derrota del terrorismo y la interdicción de la barbarie no debe sustentarse en una arquitectura de política unipartidista. Más bien al contrario, debe ser una consecución derivada de la mezcolanza de las diferentes aportaciones de los diferentes espectros con representación parlamentaria. En otras palabras, ha de ser un éxito de todos, pero una medalla de nadie.
A mi juicio PP y PSOE han dado los primeros pasos esta tarde, especialmente el primero, al abandonar ciertas posiciones apriorísticas que nada aportan a la resolución del conflicto. A todas luces es evidente que nos encontramos ante afirmaciones diferentes cuando comparamos ciertas expresiones como las de que Zapatero “está más cerca de los verdugos que de las víctimas” con los tres puntos que el PP ha expresado hoy en sede parlamentaria. Hemos asistido a una “suavización” y esperemos abandono de una estrategia política retrógrada. Y justo es de reconocer por encima de todo. El movimiento del PP es digno de aplauso, a mi entender, aunque debería haber llegado algo más lejos.
Nada podemos (o puedo) objetar al deseo o digna reivindicación de que la Justicia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad sigan desarrollando sus labores. Pero igual de sensato, me parece, habría sido que el Partido Popular reconociera la importancia de esta tregua y así se hubiera pronunciado, en vez de decir que el único comunicado válido de ETA es aquel en el que anuncia su disolución y el abandono de las armas. Bajo mi modo de ver las cosas el PP, hasta cierto punto, ha quedado un tanto supeditado a esa “oposición dura” que tantos meses ha mantenido. Simplemente, no podía pasar de un extremo reaccionario a otro tan conciliador y optimista sin perder toda credibilidad. No obstante, es todo un avance en tanto que pueda cristalizar en el abandono de esta posición que les alejaba de la realidad de las necesidades nacionales. De otro lado, he de decir, que considero que es en este punto, en la deriva a posiciones más moderadas (si se encarnan en un plexo efectivo coadyuvante para con las necesidades de la política antiterrorista del gobierno) donde hemos de poner al acento. El argumento en el que me baso es, a todas luces, evidente: si ETA no ha declarado apriorísticamente un fin definitivo de la violencia, el abandono de la lucha armada y el cese total de la brutalidad y el terror, tampoco es justo pedir que el PP lance las campanas al vuelo. Recordemos: ETA, hoy por hoy, sigue siendo una organización terrorista.

¿Dónde nos deja esto?
En los próximos días vamos a asistir a una lluvia de declaraciones, que esperemos sean prudentes. Esperemos que, independientemente de las posiciones subjetivas, pueda construirse un marco común conjunto que permita asentar la paz.

¿En qué dirección hemos de trabajar?

La calma debe, por encima de todas las cosas, ser la piedra de toque de la bóveda del proceso de paz. Sin duda todos, ciudadanos incluidos, hemos de andarnos con pies de plomo a la hora de proferir nuestras expresiones, ideas y preocupaciones. Pero igualmente, hemos de ser generosos y “abrir un poco la mano” en el sentido de mostrarnos comedidos en nuestras reacciones para con las expresiones que los demás puedan proferir en momentos de nerviosismo, pues sin duda nos encontramos en un escenario excepcional que nos haga propensos a la emotividad y a dejar entrever nuestros miedos más profundos tanto como nuestras más brillantes esperanzas. Hoy, más que nunca, hemos de recordar aquella máxima capital de la democracia, que dice que todas (o casi) las ideas, en ausencia de violencia son susceptibles de defensa. Nadie debe rasgarse las vestiduras si alguien presenta su deseo de un Euskadi independiente, tanto como tampoco ha de hacerse cuando desde el espectro contrario se enarbola la preocupación de que la igualdad entre los españoles pueda verse mellada. La autoexpresión de nuestras inquietudes ha de ser honesta, y en la misma medida en que lo sea, hemos de aceptar con calma lo que, al tiempo que es una presentación no dramatúrgica sino sincera reflejo de identidades ajenas puede ser también una composición definitoria de ego distinta a la nuestra, e incluso incompatibles en esencia. Traducido: vascos (entendiendo por tal los vascos nacionalistas que tan sólo quieren ser vascos) y españoles han de atemperar sus discursos y estar dispuestos a aceptar la legitimidad de ambas posiciones. Igual que hemos de estar dispuestos a aceptar que pueda encontrarse personas con un fuerte e innegable deseo independentista, también ha de aceptarse que la realidad vasca es facetadamente compleja y que no todo ser humano que se siente vasco ha de por ello no considerarse necesariamente español.

En este marco complejo, farragoso y áspero hemos de tener las cosas claras en la mente, pero también un corazón valiente. Un corazón que llore y recuerde en su dignidad a quienes han de ser los verdaderos héroes y vencedores en el proceso de paz que, esperemos, se abre ante nosotros: las víctimas. Nunca debemos perderlas de vista, nunca dejar de lado la sangre, las lagrimas y la nefanda ausencia. Mi propuesta y mi esperanza en este sentido es, y lo digo conscientemente de que a muchos no puede gustarle, sencilla: hemos de dejar claro en los próximos días, más que nunca, que el asesinato y las mutilaciones, el brutal y nefasto chantaje del miedo no han (ni nunca deben) triunfado (triunfar). La paz ha de ser el epitafio triste, como todas las verdades que llegan a posteriori y revisten la de dignidad a quien muere en nombre de las grandes causas, pero luminoso de quien ya no está aquí con nosotros para compartir nuestra esperanza por un futuro mejor, sin pistolas, ni zulos, ni tiros en la nuca. Ha de ser el tributo a la memoria. Esto es algo que ha de entenderse desde el nacionalismo radical abertzale con meridiana claridad. El reconocimiento de la dignidad y el recuerdo de las víctimas de ETA es una posición sine qua no de un hipotético proceso de paz.
Pero también hemos de aceptar en España que esa dignidad se encuentra en el mismo rango, o que incluso, conecta con la dignidad de los ciudadanos a decidir su propio destino (ciudadanos, que no pueblos pue slos pueblos pueden ser entelequias difusas en comparación con una ciudadanía encarnada y envuelta en derechos fundamentales reconocidos) por sí mismos. Hemos de estar dispuestos a aceptar que un sector de la ciudadanía vasca no desea ser española, y hemos de asumir, que en la medida en que dicho principio no va acompañado de violencia, es legítimo. Pero no podemos por ello perder de vista tampoco que la ausencia de violencia ha de ser un prerrequisito necesario y fundamental. Y todo esto que digo, de ponerse en práctica, necesariamente tiene una serie de consecuencias de diferente especie.

Nos encontramos en una fase embrionaria en el que los primeros pasos son imprescindibles, y en la que no se pueden exigir compromisos más profundos si no queremos dejar de ser pragmáticos.
Las fuerzas políticas han dado, o están dando, el primer paso y es demostrar su disposición al diálogo y el reconocimiento de la complejidad vasca, el peldaño siguiente debe ir precedido de un reconocimiento de que el nacionalismo vasco democrático e incluso independentista, es legítimo.
Pero por otra parte este reconocimiento no puede ir de la mano, o cuanto menos se compagina de forma caníbal, con la posición que ETA presenta hasta ahora. Ellos han dado un paso mayúsculo, pero han de ir más allá. Ruego que se me perdone por mi, seguramente, ingenuidad, pero opino que estos canallas y asesinos no pueden ser válidos interlocutores en un proceso de paz. ETA, como tal, sigue siendo un obstáculo en el largo camino de la paz. Estos sujetos, por llamarlos de alguna manera, que tan dispuestos están a hacer por Euskadi el sacrificio de quitar vidas inocentes han de dar un nuevo paso al frente y reconocer su culpabilidad, pedir perdón a las víctimas e incluso, llegar a entregarse a las autoridades para responder por sus crímenes. Sólo así, o por lo menos no veo otro escenario, podrá establecerse el vínculo de dignidad necesario entre el reconocimiento de las víctimas y el derecho de los vascos y vascas a regir su propio destino. Si ETA diese este paso definitivo daría carta de naturaleza indiscutible a la legitimidad del nacionalismo y a su capacidad de exponer sus demandas, incluso independentistas, en una tribuna en la que todos puedan ser escuchados. Es por ello que no tiene sentido ni es legítima la pretensión de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y los Tribunales no continúen con su labor, tal y como han hecho hasta ahora. Lo contrario no se encarna bien con una expresión sincera de la búsqueda de la paz.
Sin embargo, sí tiene todo el sentido del mundo que se reconozca desde Moncloa (en representación del Estado) el reconocimiento de los vascos a elegir su propio destino, al igual que también lo tendría la legalización inmediata y determinante de Herri Batasuna en tanto que condene la violencia.
Conciente de que éste es un paso complejo de dar, ha de entenderse en el Gobierno español que la dispersión de presos, no sólo es inconstitucional y que carece de todo fundamento legal alguno, sino que también atenta contra el principio de proporcionalidad que en Derecho Penal ha de mantenerse vigente a cualquier precio, en pro de la democracia y la libertad. Y también, en dicho marco de “reconocimiento de faltas” ha de respetarse, cuanto menos, la legislación penal vigente en tanto reducción de penas de conformidad a todos los delitos cometidos bajo el espectro del antiguo Código Penal de 1973, declarando a todas luces que la actual sentencia del Tribunal Supremo en el polémico "caso Patot" es abiertamente inconstitucional en tanto que despliega un efecto contra reo evidente, intolerablemente retroactivo en cuanto disposición sancionadora no favorable o limitadora de derechos fundamentales tal y como dejan claros los artículos 9.3 CE y 25.2 CE, amén de nuestras más que nutrida jurisprudencia constitucional al respecto. Y estas acciones han de darse de forma simultánea con respecto a la declaración del abandono definitivo y total de la lucha armada, porque tan lesivo es para los derechos fundamentales la violencia terrorista como también que el mismo Estado que ha jurado defenderlos retuerza el espíritu de las leyes en su contra.

Mañana ETA volverá hablar en un segundo comunicado. Roguemos por que, al fin, la racionalidad haga callar a las armas y luchemos, todos desde el papel que a cada uno nos corresponde, por que así sea.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

TrackBack

Listed below are links to weblogs that reference Por la libertad, la democracia, la paz y el fin del terrorismo: primeras reflexiones del alto el fuego permanente de ETA:

» PLANET www.Red Progresista.com » Blog Archive » Por la libertad, la democracia, la paz y el fin del terrorismo: primeras reflexiones del alto el fuego permanente de ETA from PLANET www.Red Progresista.com » Blog Archive » Por la libertad, la democracia, la paz y el fin del terrorismo: primeras reflexiones del alto el fuego permanente de ETA
[...] El aleph desde el vacío . angellus, 15:18 - Archivado en Miscelánea.


About

This page contains a single entry from the blog posted on Marzo 23, 2006 4:15 PM.

The previous post in this blog was ETA declara un alto el fuego permanente.

The next post in this blog is Cuernos y web-cams.

Many more can be found on the main index page or by looking through the archives.

Powered by
Movable Type 3.33