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Envidia sana

De vez en cuando uno se encuentra con historias de esas que hace que se te remueva algo por dentro. Ocurre de cuando en cuando. En mi caso, cuando las encuentro, hacen que desee volver a escribir mis propias historias.

Creo que nunca lo he dicho en el blog, pero alguna vez he conseguido publicar algo. Nada serio en realidad. Tan sólo libros de rol y siempre en colaboración con otros autores. Al menos alguno de ellos era muy bueno, lo cual hace que me sienta honrado. Cuando uno trabaja con genios como los que he conocido se siente afortunado. Qué lejos queda...

Luego pareció que iba a surgir la oportunidad de escribir para niños/jóvenes, pero por desgracia al final el proyecto se torció. En el fondo creo que el editor nunca tuvo mucha confianza en mí, o por lo menos en mis proyectos. No se lo reprocho, algunas de mis ideas eran un poco arriesgadas. El caso es que entre unas cosas y otras, aquel proyecto editorial pareció no terminar de cuajar, y mi primer cuento juvenil se quedó de camino a la imprenta. Como se puede imaginar, fue toda una decepción.

Desde entonces he escrito historias. Muchas, pero sólo en mi cabeza. Muchas son tan nítidas que parecen novelas. De vez en cuando se les añade un detalle que hace que sean más densas y estén algo mejor hiladas, hasta que casi parecen crecer solas sin que yo les aporte nada. Es gratificante.

Después de mi decepción no he vuelto a compartir mis historias (salvo las partidas de rol que dirijo a un grupo especial de amigos). Cometí el error de dejarme llevar por las letras y me involucré en un nivel personal en lo que hacía. Cuando la cosa no salió adelante sentí que no era una persona con ideas o historias dignas de ser contadas, carentes de todo interés. Puede que fuera una reacción desmedida, pero en cierta forma siempre he sido muy inocentón.

Esta noche he encontrado una historia de las buenas de verdad. De esas que tratan temas sencillos, pero que conectan con todos los que tiene la paciencia de sentarse a escucharlas. Una de esas historias que te hacen soñar con tus propios cuentos y te hacen creer que si alguien es capaz de crear algo tan bonito, merece la pena que tú también hagas un esfuerzo.
Me refiero al Castillo Ambulante de Howl, la última película del maestro de la animación Miyazaki. Le conoceréis por su obra, pues también es el "padre" de La Pricesa Mononoke y el Viaje de Chihiro, entre otras perlas.
Se trata de un mensaje antibelicista sencillo, y una bonita historia de amistad. Elemental, desde luego, pero los buenos cuentacuentos no necesitan de grandes artificios, tan sólo los mimbres básicos.


Yo he visto la película en dvd pirata en casa de un amigo. Desde aquí os pido que no lo hagáis. Una obra así bien merece que se pague la entrada del cine. Muchos bodrios no, pero historia sí.

Os aconsejo que la veáis. Merece la pena.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Comments (3)

Sight... Explico el chiste aquí, porque me niego a hacerlo en mi propio blog.

El juezx Harold T. Stone, de "Juzgado de Guardia". Le dieron el trabajo, porque cuando llamarón para ofrecerselo, era el único que estaba en casa. Era domingo por la tarde y era al tercero al que llamaban.
Basicamente lo mismo en mi caso. Ya habia llamado a otros dos colegas. Pero yo fui el primero en cogerle el telefono.

En fin, para lo que me ha servido. Aun no me han pagado.

Angellus:

Bueno... no sé si llega a tanto, pero es muy bueno. Desde luego tiene un fan más.

¿Quién leches era el juez Stone?

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Bueno, es Miyazaki. Por defecto, es la polla que te folla.

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