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Los buenos viejos tiempos

El otro día quedé con unos amigos de la facultad. Primero fuimos a ver la exposición "faraón" que se encuentra actualmente en Plaza Castilla y luego nos marchamos atomar unas copillas (bueno, más bien un metro de sangría).

Fue una noche estupenda, de lo más distendida y agradable. Hacía mucho que no disfrutaba tanto sentado tomando algo con unos amigos. Las historias pasadas se amontonaban unas encima de otras, hasta el punto de que no podíamos terminar unas sin empezar a contar otras. Muchas de ellas tenían que ver con golpes, patadas, puñetazos, lesiones o cosas curiosas (pues eran compañeros de jiu-jitsu).

-¿Recuerdas la patada que me diste en aquella competición?.
-¿Cual de todas?
-Hombre, cuando casi poto...
-¡Ah, sí! ¡Qué bueno! ¿Recuerdas al que vino durante una semana dándoselas de mecarra?
-¿Al que zurramos todos por tonto?
-Veo que te acuerdas...

Es curioso cómo funciona a veces la amistad, cuando uno siente una especial conexión con la gente. Ni el tiempo, ni la distancia, ni los diferentes rumbos que cada uno adopta pesan. Lo importante permanece, los recuerdos de los buenos ratos vividos y las ofertas sinceras para verse más adelante. Por los buenos amigos nunca pasan los años.
Ahora, desde la distancia y la nostalgia no puedo dejar de valorar aquellas tardes de combates, de golpes y de risas, en los que te podían dejar sin aire de un puñetazo durante doce minutos (made in David pimba-ryu stile...) y luego tomar unas coca-colas mientras rememorabas la jugada.

-Si lo hiciste bien, entraste con fuerza. Te creiste la técnica...
-Nos ha jodido mayo, como que me llevé tu puño y el que te iba a dar yo.
-Es lo que tiene la anticipación...
-Es lo que tienen tus diecisiete años de kárate, mamón...

A veces lamento que esa parte de mi vida desapareciera, pero no podía ser de otra manera. Las cosas han de evolucionar, pero al menos es un verdadero consuelo saber que, a través de los cambios, ciertas cosas permanencen inmutables. Es bonito saber que puedes pasar meses y meses sin ver a alguien y que al quedar para tomar unas copas inicien la conversación con un "te decía ayer...".

Tal vez algún día podamos volver a intercambiar "opiniones" (con los puños, ya se sabe). Tal vez incluso medirme de igual a igual con estos dos monstruos del kárate y desde luego, mejores personas, aunque necesitaré muchos años para ello. Mentras tanto siempre quedarán los recuerdos y las copas.

En el fondo, soy un tipo afortunado.

Esta imagen va por ellos, que no son todo coces en esta vida. Después de todo, cada uno es fiel a sus raíces.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

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