« La gente debe ser estúpida por naturaleza | Main | Y tras la puerta número tres se esconde... »

¡Qué envidia!

Estoy cansado. No debe ser sano sentirse viejo con sólo 24 años. Cada vez que creo que encauzo mi vida algo me la descuadra por completo de arriba a abajo.

Llevo años temiendo este momento: el día en que tendría que mirarme en el espejo y decidir entre luchar por quíen creo que podría llegar a ser o por lo que todo me indica que es más sensato.

Me pregunto cómo recordaré estos extraños días dentro de unos años. Si tomaré la decisión adecuada que me impida reprocharme el día de mañana esas palabras que dan tanto miedo: "cobarde" "ingenuo", "estúpido".
Vuelvo los ojos a un mundo herido por el que no puedo sentir sino piedad, pero me atemoriza que me devore. Conocer al Diablo es la llave para derrotarle, pero también los primeros pasos de la propia perdición. Estoy cansado de escuchar su Cuento, siempre el mismo, siempre apenas convincente, pero siempre suficiente para que nadie pueda mandarle callar.
Lo que más me duele es que tengo las armas al alcance de la mano... y tengo miedo.

Ojalá fuera como un gato. Ellos no se preocupan por estas cosas. Sólo cuenta un criterio, el suyo. Desafían las cosecuencias con desdén y siempre son fieles a sí mismos. ¿Sería un mundo de gatos mejor que el nuestro?


No lo sé. Me pregunto si a alguien le importa.

Comments (2)

Vale; ¿y?

Angellus:

Ayer encontré un papel con el teléfono de la oficina de atención al alumno para temas de doctorado en una chaqueta que hacía meses no me ponía.
Cuando llegué a casa no andaba muy bien de ánimos, no podía dejar de pensar en un millón de cuestiones relacionadas con los derechos humanos cuando emitieron un documental acerca del actual escenario que se puede encontrar en Bosnia y en cómo no se han superado algunos odios.
Esta mañana me he levantado pensando en que tenía que llamar a aquella profesora con la que tenía contacto en la facultad, pero necesitaba encontrar su teléfono en internet antes que nada. He mirado en mi cartera. Doblado y escondido entre un millón de tarjetas (ninguna de crédito, no pensemos mal...) estaban sus datos y su número de aquella vez que me la encontré haciendo la compra en un lugar que jamás he vuelto a pisar y que de nada conocía...

Son tantas coincidencias. Casi me siento tentado de pensar que alguien en alguna parte trata de decirme algo. Puede que sea solo una broma cruel.

Hoy se despejarán algunas dudas. Al menos eso espero.

Saludos,

Angellus.

Paz, amor y dvd´s para todos.

Post a comment


About

This page contains a single entry from the blog posted on Enero 16, 2006 1:23 AM.

The previous post in this blog was La gente debe ser estúpida por naturaleza.

The next post in this blog is Y tras la puerta número tres se esconde....

Many more can be found on the main index page or by looking through the archives.

Powered by
Movable Type 3.33