Los comienzos no siempre son sencillos. Éste tampoco lo es.
Llevo un tiempo meditando sobre si es conveniente o no iniciar este blog. Desde que la idea se me pasó por la cabeza son muchas las pretensiones que he ido descartando o dejando de lado. Tenía muchas ilusiones y muchas ganas de compartir ciertas inquietudes y algunas ideas. También deseaba presentar algunos ideales.
Sin embargo los últimos meses han sido muy extraños. Algunas cosas que daba por sentadas se han desvanecido, otras que sabía que algún día terminarían han desaparecido finalmente, y para colmo algunas esperanzas que albergaba parecen cada vez más y más lejos.
Es por eso que las pretensiones iniciales para este blog han sido drásticamente recortadas. Puede que, después de todo, no se trate más que de una mala racha, pero hasta que no recobre la ilusión por, o las fuerzas para, ciertas cosas me parece que lo mejor es dejarlas de lado.
Creo que durante toda mi vida he deseado llevar un diario, pero siempre que he comenzado uno ha terminado roto, quemado o en una papelera. Al poco de comenzarlos siempre se me antojaban un ejercicio absurdo de autocomplacencia y de mentiras benévolas. Por otra parte, no tardaba mucho en arribar a la conclusión de que el mejor lugar en el que uno puede ordenar sus pensamientos es su propio cerebro. Desde luego es el más privado y el más discreto. Además, de otro lado, en el fondo siempre he sentido de alguna manera que la palabra escrita tarde o temprano termina por hacerse libre y llegar a los demás. Las palabras saben ser pacientes.
Creo que sería bueno empezar recordándome esto a mí mismo. Al menos sabré que es lo qué no debo postear aquí.
Saludos.
Angellus.