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Junio 30, 2009

Maratón de cine veraniego

He vuelto, tras exámenes, trabajos y cacafutis varidaos, con una nueva página de Freaks bajo el brazo, que da comienzo a una serie de setches sobre las pelis frikis de estos últimos meses: que se preparen Watchmen y Star Trek... ¿Creían que se libraban de la crítica, de la caústica mirada de Dante? ¡Ilusos!

En otro orden de cosas, asistí al Saló del cómic de Barcelona. Fui a mi bola con le mero objetivo de repartir dossieres como quien reparte caramelos, y la verdad, no tuve tiempo de sentirme solo. La gente con la que hice una eterna cola para obtener la firma del GRAN Mike Mignola, el paciente y siempre majo DR, la peña del WEE, mis jefes de La Parada (¡teneis ya el genial número 3?) y mis amiguetes se encargaron de convertir la estancia en una epopeya digna de pasar a los anales, en un viaje por la Zona Prohibida, en... en el cachondeo padre, vaya. ¡Gracias gente!

VOlviendo al tema de las películas frikis de última hornada... francamente, sin verlas todas, mi conclusión es que algo malo pasa en Hollywood. No sé si la ciudad ha sido tomada por tubérculos mutantes que han reemplazado a los humanos e intentan hacer parecer al resto del mundo que todo marcha bien, o si tal vez un psicópata se dedica a hacer lobotomías in situ indiscriminadamente, pero el sector de los guionistas está de capa caída. No hablemos de la blasfemía que supone Dragon Ball Evolution, pero mencionemos Watchmen, una producción que podría haber dado tanto y se queda en tan poco. La película es correcta, pero ha sido desmenuzada y esquilada hasta ser solo un esqueleto (aún así, me parece visible como película, el público que no conozca la obra en la que se basa la disfrutará). Star Trek aún no la he visto, pero gracias a Rintintín, solo oigo alabanzas, por lo que merecerá la pena echarle un vistazo para quitarse el mal sabor de boca.

Más reciente en mi memoría está Transformers II, y cuando digo reciente en mi memoria lo digo en el sentido en que un clavo disparado a gran velocidad queda alojado en el cerebro. Larga hasta el tedio, sin una trama y desarrollo claros, el señor Bay parece convencido de que puede colarnos una sucesión de chascarrillos, secuencias de acción y bromas y que nos parezca una gran película. La última vez que miré, las coñas con perros follando y los chistes de porros iban en el cajón de "Comedias para Adolescentes", cajón que pilla muy lejos de "Remake de serie infantil-juvenil de ciencia ficción". Eso, sin contar que el reparto humano es el que acapara la pantalla (Megan, puedes acaparar mi pantalla cuando quieras), y los transformers (curioso, se llaman igual que la peli) aparecen en segundo plano, con la boca llena de frases propias de un muñeco de acción de esos con un botón gordo en el pecho que dice "Try me!", y además en un orden caótico: varios decepticons mueren y vuelven a aparecer al rato en la película, por que total, es imposible que te quedes con el diseño de los bichos y pilles la cutre estrategia para llenar pantalla ¿eh? Si total, los juguetes se van a vender aunque pongas a Optimus Prime a contar chistes de Chiquito de la Calzada. Uno podría pensar que un personaje creado y animado digitalmente no puede hacer un mala actuación, y he aquí que en Transformers II, hasta los CGI son pésimos actores. Dos horas y media perdidas, en las que solo cabe lamentar que unos diseños tan chulos sean desperdiciados para hacer el "Aterriza como puedas" más caro de la historia del cine.

En resumen, si me preguntan a mí, la fábrica de sueños ha conseguido saturarse de espectacularidad, slow motion, bullet time y 3d Studio, aplastando a las más basicas reglas de construcción de guión y toda posibilidad de mostrar una trama elaborada. Aquí hace falta un pulso electromagnético que devuelva al cartón piedra a la cabeza de la lista de materiales para las películas, y haga necesaria más actuación y menos post-producción. Ice Age 3 y Up!, eso son apuestas seguras.Y sabes que tienes que dejar de hablar cuando suenas a tu abuelo, así que aquí termino el post, con la promesa de más tiras por venir.

¡Ayo!