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Julio 31, 2006

Ya hay archivo en Area 66

Lo dicho. Y además he modificado los botones de Anterior, Siguiente, Primera y Última tira, que he recibido alguna que otra queja de que eran poco descriptivos y algo liosos :)

EDIT: y por ampliación, Freaks ahora también consta de un archivo muy mono. Espero que os sea útil^^

Julio 29, 2006

Otro aviso para vosotros que os importa...

En vista de que no hay manera de actualizar el script de Walrus a la versión 3 que incluye archivos para los webcomics, he decidido que a partir de hoy se reanudan las dos tiras, y el resto de enlaces mal que me pese los organizaré en html, que el php. a mi si no me lo dan precocinao como que no... disfrutad.
HTV en breve, en breve...usare el walrus viejo y ahí le den.

P.D. Le prometí a alguien que hoy colgaba una foto comprometedora...

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No creais que es cursi, detrás del conejo hay montada una orgia del copón, no veas, no sabes cuantas utilidades tiene un flan hasta que ves lo que hay detrás del conejito...hala, a pasarlo bien.

Julio 25, 2006

Hotel

De vez en cuando me dan voladas o venadas de "novelista de todo a 100", y doy a luz algún horror escrito que no suele pasar de las primeras páginas, aunque escribirlo y quitártelo de la cabeza para poder seguir con los garabatos no deja de ser muy catárquico... me da pena que las cosas se me amontonen y nadie las vea, así que haciendo un gran esfuerzo por superar la vergüenza (ya ves, puedo dibujar un mono inculando a una princesa tan ricamente pero no escribir cuatro tonterías) os enlazo primero un fragmento humorístico que escribí hace tiempo y subí a DA, muy "Terrypratchiano" él; y abajo os pongo algo un poco más extenso, una especie de historia con tintes de "Casablanca" (o eso se pretendía), que al final queda raro y lioso y cutre y todo sobre un dueño de un hotelucho y su búsqueda de una buena señorita. No os riais mucho :P

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Natalie Cole explicaba como sería todo as time goes by con un volumen no más alto que el quejido de los muelles de la silla, pero que bastaba para llenar la habitación. Las cortinas se movían al ritmo que el ligero viento veraniego les marcaba mientras pasaba como un caradura por la primera ventana que veía abierta, estuviese o no invitado a la fiesta, al pequeño reducto de soledad que era mi oficina. Al otro lado de la puerta, el mundo seguía girando y daba la impresión de que en la última vuelta se había olvidado de mí, que sentía el tiempo pasar lenta y pesadamente por encima de mi cabeza como lo haría un enorme trasatlántico por encima de una pescadilla cualquiera.
You must remember this, a kiss is still a kiss advertía la señorita Cole desde tiempos de Bogart y Bergman, acompañada de un piano y una batería que parecían tocados por el mismo viento que me acariciaba la cara. La situación me hacía sentir cómodo, capaz de colgar mi cuerpo como si fuese una chaqueta y pedirle a la secretaria de mi mente que no me pasara más llamadas. Era mi pequeño momento conmigo mismo y pensaba aprovecharlo mientras esperaba a que el mundo me recogiera en la siguiente vuelta. Los más pícaros reirán de la única forma que saben, con una estupidez que no puede evitar hacerse notar mal que les pese, como un pobre diablo que ha salido de casa con el pantalón puesto al revés. Me da igual. Pero les haré el favor de explicarles, me siento con el buen humor necesario para hacerlo, a qué me refiero: era un momento para pensar en mis cosas y abandonar las estupideces que me salen solas, abandonar la torpeza y olvidarme del “debo ser? y el “quieren que sea? para echar un vistazo al cuadro inacabado del “quiero ser? y poner otra vez esa vieja película machacada por la crítica que es mi vida. Dicen que no es intensa ni alocada, le falta acción y sexo y el protagonista es feo de narices. Yo digo que al menos los diálogos son tragables, hay humor, romanticismo y no sale Jim Carrey en ni un solo segundo de metraje… It’s still the same old story, a fight for love and glory. Muy oportuna, Natalie. Empieza el film.

En ese gran hotel que es nuestro corazón siempre hay enormes habitaciones para la familia y para los amigos, para los compañeros…e incluso para los enemigos, estas últimas sin jabón y con una ducha que no entiende de temperaturas superiores a 5º. Después en la tercera planta están estas suites de lujo para esas personas a las que se les dedican canciones y para las que se levantaría un templo si el terreno no estuviese tan caro. Mamá tiene su suite, comparte con papá, y al lado está la hermanita o el hermanito, y aparte está aquella habitación que no sabes quién va a ocupar y de la que el recepcionista guarda la llave con el celo que solo un cancerbero gasta: no le preguntes a quien se la dará, no te lo dirá. Lo único que tienes por seguro es que cuando esa habitación esté ocupada será maravilloso y tú tendrás una copia de la llave.
Puede que el inquilino ya esté en el hotel, o puede que nunca antes haya puesto un pie allí. Puede que la persona que ocupa la habitación haga un destrozo y pase a ocupar una de esas estancias pendientes de reparaciones, puede que simplemente sea demasiado lujo para ella y esté más cómoda en una habitación más simple…pero una cosa es segura: las personas a las que les das ese número de habitación dejan para bien o para mal su marca en la almohada y nunca se quita del todo.
En mi caso, pocas han dormido allí y ninguna se ha quedado. Y solo una vez pude regañar al recepcionista, solo una. ¿Y ahora? Ahora esas letras de neón en el cartel parpadean y no dejan ver cuántas estrellas gasta el lugar. Afuera llueve y en la noche las gotas murmuran sobre lo que era y lo que es mientras se alejan todas juntas en forma de pequeño arroyo calle abajo. Los inquilinos no se quejan de las goteras, ya se han acostumbrado e irse sería como dejar su casa. Se llevan bien con los botones, comparten chismes con las chicas del servicio de habitaciones y la cafetería es como su sala de estar. La fidelidad y el apego no atienden a ofertas y gangas mejores, son idiotas, pero yo sé apreciar ese tipo de idiotez y en mi hotel, sus copas van a cargo de la casa.
Al fondo de la barra, una figura se hacía ver sobre las demás, no por exuberancia pero sí por el mismo aura de simple belleza simpática que rodea a un trébol de cuatro hojas. No me preguntéis cuándo fue, ni yo me acuerdo, pero aquella persona un buen día cruzó la lluvia y pisoteó el charco que había sustituido a la alfombra de entrada para entrar a formar parte de la clientela y ahora es como si llevara más tiempo aquí que muchas partes del mobiliario del hotel. En los primeros días le recuerdo como el tipo de persona que no sobra a tu lado por su inteligencia, pero que tampoco quieres presentar a las amistades por su carácter taciturno, el tipo de persona que ahorra en palabras y selecciona las que usa como si fueran fichas de casino… o verdaderas balas. Cuan limitada era esa imagen.
Cuanto más tiempo hablaba, más fascinante me parecía: era como excavar un suelo nada amable para descubrir verdaderas joyas. Era una persona llena de cariño e ingenio pero con heridas profundas que le guardaban de despilfarrarlo con el primer mindundi que se le plantara delante. Frágil, insegura y a la vez de ideas fijas, madura pero con espacio para la ilusión de un niño en su ser, ávida de aprender pero testaruda para según que cosas. Ahora me es imposible no sonreír cuando hablo con este cliente. Si cada inquilino fuese un disco, este en particular no me cansaría de oírlo, una melodía con momentos de calma y de verdadera explosión rítmica y sin vocalista.
Pero una de las contras de oír tu disco favorito es que termina gastado. He procurado ser comedido, pero miro al deslucido cartel de mi local, huelo el aire apesumbrado que recuerda tiempos de ignorancia más felices y el cuerpo me pide la alegría que le da esa música. Soy patético como el borracho que se jura que cada nueva copa será la última, y temo que quien sirve esté cerca de cansarse y cerrar la botella o partírmela en la cabeza. No le culparía por ello, pero qué pena sería que esa persona se fuera sin poder ofrecerle la suite. Quizás sea tarde ya, quizás le de al viejo recepcionista con las llaves en la nariz, o quizás nunca fuera el momento para hacerle la oferta.
Cada nuevo día que pasa recuerdo al botones que no debe faltarle de nada, y cuando la veo en la cafetería no puedo evitar acercarme aun sin tener nada que decir, lo que me hace quedar como un idiota insoportable seguramente. El Barman tuerce el gesto como el que observa una partida de poker y ve una mala jugada. Si no cayera tan bien entre los parroquianos, le despediría por tener razón. Con el “hola? cae una piedra en mi estomago, con la siguiente frase estúpida, una cantera al completo. Algo dentro grita “para, para? pero la catástrofe es inminente, y en cinco frases mi imagen ya queda un poco más deteriorada seguramente y mi interlocutor un poco más molesto. Todos me dicen que me olvide, a fin de cuentas es imposible: en esta vida hay apuestas demasiado arriesgadas y yo nunca he sido buen jugador. Solo el recepcionista cambia el discurso e insiste con su insoportable acento británico en que, ya que estoy dispuesto a darme de morros contra un muro, lo haga como dios manda y le ofrezca esa maldita habitación en la tercera planta. Lo haría de buen grado, pero lo que resuena en mi cabeza como las palabras apropiadas en el camino a la boca siempre se desvía y sale por el culo. No me gusta ser sensiblero, en el pasado lo fui y me dieron donde más duele y despacito. No puedo ser sincero con el mundo cuando el mundo es como un loro al que le han puesto whisky en el bebedero: repite todo lo que le dices haciendo que suene ridículo y no se calla nada. No le diré que hace que ser yo sea agradable y que solo con tal de que me sonría de vez en cuando y me de un abrazo cuando quiera de propina procuraré estar ahí cuando me necesite y hacerle ver todo lo bella que es.
Pero con tal de no oír al recepcionista llevo las llaves en el bolsillo. No para dárselas, eso simplemente es imposible, pero cuando oigo su tintineo en el bolsillo y veo a este inquilino tan especial al cabo del día, ahh, es como si el futuro brillara… quién sabe, quizás con el tiempo…
The world will always welcome lovers as time goes by…
Oh, cállese, Cole…

Julio 21, 2006

¡Mira mamá, salgo en el periódico!

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Si es un sueño, espero no despertarme al menos hasta que las tías del jakussi se hayan desnudado...
"Amenaza con quedarse"...:_)

Julio 15, 2006

Se acercan tiempos de cambios...

Anuncio importante: con la tira de Area 66 de hoy se cierra la primera "saga", el encuentro entre humanos y marcianos. Pienso aprovecharlo para, cuando también termine la minisaga actual de Freaks, "Doomtista", parar la publicación un breve espacio de tiempo y reorganizar ambas secciones con un archivo que ya va haciendo falta, y quizás algún extra más como una web de cast o algo por el estilo. Así pues, la de hoy será por un tiempo la última tira de Area 66. Os avisaré cuando todo vuelva a la normalidad y comience la nueva saga, con tiras inéditas para los que siguieron Area 66 y Freaks en sus comienzos en DA.
Pero no todo es malo. Sintonizad vuestras pantallas para un nuevo canal de televisión privado que podreis disfrutar en este blog...

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...proximamente...;P

Julio 12, 2006

Becario Chronicles

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Perdón por la falta de posts en el blog, pero estoy trabajando de becario en el Diario Noticias de ?lava y lo que menos apetece después de estar toda una jornada escribiendo en el ordenador es seguir escribiendo en el ordenador… hoy me han “liberado? un poquito antes por buena conducta y me siento algo motivado, así que voy a describiros brevemente lo que viene siendo mi experiencia ejerciendo mi pequeña parcela del “4º Poder?.
Mis días de vacaciones estivales empiezan por lo general más tarde de lo que deberían por que soy un tipo con mucha personalidad y no se someto a las directrices de ningún despertador con aires de superioridad…enfrentarme a las directrices de quien me paga por mi trabajo es otro tema, así que cuando mi memoria se despierta antes que yo y me recuerda que toca currar a las 11.30/12-12.30 (fantástico horario el del periodista, os lo aseguro), me despierto sobresaltado, desayuno(esta parte sin prisas, que el desayuno es muy importante y sin salud no se trabaja… y además dan Foster’s a esa hora en Cartoon Network) me aseo, me visto y con la mochila a la espalda salgo de casa sin siquiera hacer la cama (para que se aireen las mantas, no creáis).
Doy los treinta pasos que separan mi portal de la redacción y empieza la aventura: lo primero y primordial, antes que saludar a los compañeros, antes que preguntar qué trabajo me toca al jefe de sección, antes incluso que salvar al editor que no sabes como está colgando por la bragueta de la ventana y a punto de matarse, mas importante que todo eso, repito… ¡es encontrar un ordenador libre! ¿Nunca habéis visto esos documentales en los que una manada de leones devora a una cebra y las cobardes hienas rondan el festín esperando a que los felinos se vayan y dejen los restos? Pues los becarios somos las hienas de esa sabana llamada “redacción?. Tardes enteras de aquí para allá, de ordenador en ordenador para poder escribir una columna entera…y de remate, no todos los ordenadores tienen el programa de maquetación en el que se redactan los textos, y si aún tienes la suerte de sentar tu culo en un asiento que este frente a un teclado libre conectado a su vez a un ordenador con el programa de maquetación…el acceso es limitado: se hace una “reserva? cada vez que se quiere editar una página, y para toda una redacción solo hay 12 de estas licencias a reservar. Hay que pedir tu momentito a grito de pescadera.
Después de las primeras horas, a las 2, doy mis 30 pasos (20 si el autobús que viene por la carretera no tiene intención de parar) y vuelvo a casa, hago la cama, preparo la mesa y como con mi señor padre y cocinero. A las 4 me asomo por la ventana, lanzo el bat-gancho y me deslizo hasta la ventana del primer piso del edificio de enfrente, la de la redacción. Tras mi entrada, todo el mundo me aplaude, y apuntan a la cara… vuelta a la "búsqueda del ordenador perdido".
Por si fuera poco, mis compañeros becarios de la sección de sociedad y yo permanecemos por lo general hasta el cierre de edición en las oficinas, hasta las 10 de la noche, muchas veces sin hacer nada. Esto se debe a que nuestros textos tienen que ser revisados por el jefe de sección y después corregidos por nosotros, parte ésta del trabajo que nuestro líder deja para el final de la jornada, como es comprensible atendiendo a esquemas de organización del trabajo (esos que yo no sigo por que me hacen estar hasta tarde).
Pero no entendáis todo esto como una demonización del lugar de trabajo. Cuesta aclimatarse a algo así, claro, es una prueba de la permeabilidad de tu estomago ante el ácido, aunque ahora los veteranos de la redacción empiezan sus vacaciones y dejan bastantes ordenadores libres. Es realmente estimulante y por primera vez algo que tiene que ver con el periodismo me motiva a acudir a diario al trabajo (me refiero a los 300 machacantes que me pagan al mes, no seáis románticos…vaaale, y un poquito de gusto por el oficio…). El ambiente que reina en el lugar es animado y jovial y. a pesar de lo que se pudiera pensar, bastante relajado (al menos en mi sección). Hay tiempo para vaguear y dibujar, y tiempo para recopilar información, revisar teletipos y hacer las llamadas pertinentes para completar esa noticia o reportaje que te ha tocado. En esta semana y un día he llegado a hablar con un Sindicato de Transportistas, con una socorrista de una de las playas que tenemos en la orilla de un pantano, y hasta he intercambiado palabras y datos de la Asociación de Nudistas Vascos… ¡por dios, ni siquiera sabia que hay que asociarse para despelotarse más a gusto!
Actualmente me han encasquetado un pequeño reportaje que ha requerido investigación de campo…o lo que es lo mismo, ir a un bar a hacer unas cuantas preguntas a las camareras mientras te tomas un café (¡no, en serio, no es falta de profesionalidad, tenía que hacerlo! ¡Falta de profesionalidad habría sido entrevistar al camarero en vez de a sus compañeras!) y a continuación al hospital, donde por azar (entiéndase “azar? como “¡Anda mira, el séptimo piso es pediatría! ¡Y el 7 es mi número de la suerte! ¡Pues ea!?) he podido entrevistar nada más salir del ascensor a la enfermera de pediatría más simpática y mona que he conocido (no es que conozca demasiadas tampoco, pero realmente era encantadora)…shig, adoro mi trabajo, y por primera vez puedo decir sin bilis que soy un “reportero dicharachero?…

y ahora, sin venir a cuento...¡un chiste estúpido que he encontrado entre mis imágenes!

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gracias, gracias...