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      <title>Insert Whatever Here</title>
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      <language>es</language>
      <copyright>Copyright 2008</copyright>
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         <title>La bofetada</title>
         <description>Estaba yo en la parte posterior del autobús, cuyos asientos se encuentran un poco más elevados que el resto, contemplando el largo pasillo de vidrio y sillas de PVC y recordando tiempos peores en los que ser repetidor y sentarme al fondo en las excursiones era todo uno, cuando lo vi. Todo, todito. 

Los dos chavales llevaban tiempo discutiendo. Al principio en voz bajita, pero ella, consciente de que el autobús iba medio vacío, se venía arriba de cuando en cuando y alzaba la voz. No sé de lo que hablaban. Tampoco soy yo de los que aprovechan el viaje para espiar las conversaciones de la gente (un colega mío del instituto sí: se ponía los cascos fingiendo escuchar música y luego escribía sobre lo que había escuchado; un loco), así que como no llevaba el hilo, el bofetón me pilló casi de improviso.

Pero fue un bofetón perfecto.

Pequeño inciso: mi técnica de combate favorita, de toda la vida, es la bofetada. Quédense ustedes con el kung fu, el haikido, la lucha definitiva, el sumo, la capoeira, o cualquier otro arte marcial que les haga uno con el universo y a la vez les permita curtirle el lomo al chungo de turno, que yo todo eso lo solvento con un sopapo como aquellos con los que nos amenazaban nuestras madres. De los de ponerte mirando a Cuenca.

Bueno, pues lo de la chavala aquella fue como para que una voz gutural gritara de la nada: &quot;¡Perfect!&quot;. Se levantó, tomó posiciones, echó atrás el brazo derecho, la mano abierta (sin anillos ni accesorios: pura y dura), los cinco dedos separados y extendidos, y ¡zas!, ese brazo que se lanza de nuevo hacia delante formando un semicírculo que ni con compás y cartabón; esa mano que impacta contra la mejilla; ese sonido definitivo, humillante, estridente, de las líneas de la vida, el corazón y la cabeza estrellándose contra la mejilla del pobre diablo, y ese careto respondiendo a tamaño monumento a la violencia de la única manera posible: retrayéndose y luego exhibiendo una mueca de asombro tan grande como la propia bofetada.

Imagínenme a mí, maravillado, los dedos blanquecinos de apretarlos contra el plástico del asiento, a puntito de saltar y rugir enfervorecido como cuando en mi más tierna infancia saltaba y rugía enfervorecido en el salón de mi casa, viendo películas de Bud Spencer y Terence Hill (había una que tenía mi escena favorita de hostias de todos los tiempos: los dos encerrados en un gimnasio, rodeados de esbirros, repartiendo leches hasta saciarse). Lo que pasa es que aquello no era el salón de mi casa y no me quedaba sino presenciar extasiado esos breves instantes posteriores a la colisión. Y es que ahí se decidía todo, porque una buena bofetada es aquella que clausura el conflicto de una sola vez. Tal es su poder y por eso nuestras queridas madres nos amenazaban con ella, porque sabían a la perfección que aquello era sacar el brazo a pasear y aquí paz y después gloria. 

Pero no hubo tiempo a comprobarlo del todo, porque justo cuando el tipo empezaba a responder en no muy buen lenguaje, el conductor detuvo el autobús, abrió las puertas y gritó, bien protegido desde su cabina de plexiglás (yo habría hecho lo mismo), que ya podían ir largándose a zurrarse la badana a otro lado, cojones, que no tenía ganas de historias. Y cuando bajaron ambos, ella muy digna y él cagándose en todo por lo bajini, el autobús retomó su camino mientras yo los miraba a los dos por la ventana, deseoso, lo reconozco, de ver otro bofetón perfecto, de esos que habrían hecho aplaudir de admiración al gran Bud Spencer. Pero no hubo suerte.</description>
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                  <category domain="http://www.sixapart.com/ns/types#category">Historias</category>
        
        
         <pubDate>Sun, 03 Aug 2008 22:00:01 +0100</pubDate>
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         <title>El de la cámara</title>
         <description><![CDATA[A ver, tú. Rubiales. El veinteañero que tuve media exposición del Reina Sofía (<em>nota mental: post sobre PhotoEspaña</em>) aguantando detrás. No sé si sabes que en un museo o sala de exposiciones lo normal es hablar bajito. Que hay gente concentrada en lo que está colgado de las paredes y no tiene por qué aguantar que le recites a tu amiguito, de pe a pa, la vida, milagros y obra del autor que viene en cualquier libro de fotografía y que seguramente te vale mucho para fardar. Ojo, que no pasa nada porque fardes. Pero no se tiene que enterar todo el museo.

El problema principal de que tanta gente te escuche no es que lo que digas sea insustancial, sino risible. Así que cuídate de que mucha gente pueda escuchar una conversación como esta:

-Pues eso, Steichen fue un fotógrafo que pasó por muchas épocas y vivió gran parte de la historia de la fotografía. Pero vamos, que yo no estoy aquí por las fotos, sino por la manera en que están expuestas: los marcos, la disposición, etcétera.

-Ah, claro, para la tuya, ¿no?

Creo que fue ahí cuando me salté unas veinte fotos hasta un recoveco donde no tener que escuchar más.

Pero lo peor no es eso, sino encontrarte al día siguiente. En otra exposición. Y lo risible no es que estuvieras explicándole a tu padre que <em>missing negative</em> significa en inglés <em>negativo perdido</em> y quiere decir <em>que ya no se conserva el negativo</em> (textual).

No. Lo que da risa es lo de la cámara.

Porque, a ver: todos los aficionados a la fotografía, por más o por menos que nos queramos dedicar a esto, hemos sacado la cámara a la calle. Porque a todos nos gusta estar en un bar, sacar la cámara, hacerle fotos a alguna chavalilla e iniciar así el proceso que los humanos normales llamamos "ligar". Yo lo he hecho. Y no pierdo la esperanza.

Pero me aseguro de llevar la fundita, hijo.

Porque con la cámara al aire, así, bajo el sobaquete, a lo mejor atraes más miradas. Y a lo mejor estás en una exposición y la gente te ve y relaciona que cámara de fotos + exposición = fotógrafo superguay. Pero luego, estás en el bar y uno de tantos derrama su cerveza sobre la cámara, o en el metro te pegan dos empujones y la parten, o en plena calle resbalas con tu propio ego y la dejas hecha papilla.

Así que espabila, rubiales. Haz como nosotros los profesionales: liga seguro. Usa fundita.]]></description>
         <link>http://www.bloj.net/adrian/2008/07/el_de_la_camara.html</link>
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                  <category domain="http://www.sixapart.com/ns/types#category">Idiotas</category>
        
        
         <pubDate>Thu, 31 Jul 2008 18:06:10 +0100</pubDate>
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         <title>Recuerdos</title>
         <description>El principal problema de Internet es la capacidad de memoria que puede llegar a tener si uno se interesa por ella. Hace unos días un amigo me decía que había probado a googlear mi nombre y los resultados eran asombrosos, o al menos eso pensé cuando lo probé yo mismo: de la fotografía, que es a lo que me dedico últimamente (aparte de los videojuegos y la vida de bar, como buen soltero tipo), no se veía rastro hasta mucho después de enlaces dirigidos a weblogs de tiempos pretéritos, en los que nadie tenía una miríada de plataformas para exponer su poco interesante existencia: weblogs, listas de correo tiempo ha abandonadas... mi pasado, mis declaraciones, mis berrinches, mis chistes, mi manera de expresarme, de escribir, de relacionarme estaba toda archivada en Internet, lista para ser revisada.

Que es lo que no debería de haber hecho.

Ahora todo cuanto he podido eliminar ha desaparecido. Si buscan mi nombre en Internet (aunque no encuentro una razón plausible para hacerlo), encontrarán lo que entre una dura lucha entre Google y yo se ha decidido que merece la pena mostrar. No es una cuestión de privacidad, ni de intimidad, sino vergüenza.

Uno siempre ha podido reinterpretar la historia a su manera. La memoria, que es de cada uno y funciona a su vera, nos permite matizar lo que otros recuerdan de nosotros y adecuarlo para los que no entienden de contextos. Internet, muy al contrario, es una máquina precisa que revela tus inconsciencias de hace años, argumentos que no defenderías ni estando tan borracho como estás ahora, declaraciones que te hacen sonrojarte, opiniones que hoy sabes desmedidas e indocumentadas. Todo lo que hiciste, no ayer, sino cuando eras joven e inexperto y andabas experimentando lo que Internet te ofrecía, está hoy disponible para cualquiera que quiera aprovecharse de lo incauto que fuiste al no procurarte un anonimato en condiciones.

Borrar todo lo posible no ha sido tan duro como intentar no mirar lo que había escrito y arrepentirse de muchas cosas. Demasiadas. Triviales, sí, comprensibles, tal vez.

Pero a nadie le gusta mirarse en un espejo y verse reflejado hace años. Supongo.  </description>
         <link>http://www.bloj.net/adrian/2008/07/recuerdos.html</link>
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                  <category domain="http://www.sixapart.com/ns/types#category">Ego</category>
        
        
         <pubDate>Wed, 23 Jul 2008 05:02:38 +0100</pubDate>
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         <title>Ganas de polemizar</title>
         <description><![CDATA[Andaba yo ofuscado por decir algo por aquí, que ha sido inaugurar y desaparecer, y mira por dónde <a href="http://noelio.blogia.com">el Emperador</a> me ha dado un tema sobre el que cavilo demasiado a menudo.

Al parecer, la exposición fotográfica "<a href="http://www.20minutes.fr/diaporama/332-1-0-Les-Parisiens-sous-l-Occupation-l-exposition-polemique.php">Les Parisiens sous l'Occupation</a>", en la que se muestran instantáneas tomadas durante la ocupación nazi de París ha desatado una fuerte polémica por mostrar una ciudad y unos habitantes sin demasiados problemas aparentes al respecto de la situación. Si se manejan ustedes con el francés y van leyendo los apartados junto a las once fotos presentadas, hilvanarán mejor la cosa.

Observen ustedes las fotografías: las primeras son dignas de figurar como postal turística de la Ciudad de la Luz; las tres o cuatro últimas empiezan a meternos en el contexto, pero pese a resaltar bien los letreros en alemán o las banderas nazis, a las fotografías les parece imposible reflejar grado alguno de tensión o de malestar por el asunto.

Una de las respuestas recae directamente sobre la técnica: los colores suaves junto a los cielos despejados y las calles soleadas ayudan mucho a la sensación de bienestar. El color. Comparen estas fotografías con las que Robert Capa hizo en Barcelona durante la guerra civil, contra ese blanco y negro enfocado a personas corriendo, trasladando muebles o haciendo cola para recibir comida: Zucca, el responsable de las fotos parisinas, parece obviar ese París ocupado que nos resulta más familiar por películas o libros: no hay miembros de <em>la Resistance</em> con gabardina y boina calada, ni soldados nazis en una posición amenazante (todo lo más, un desfile militar que parece casi reafirmar la figura más que denostarla).

Estaría bien tener más datos sobre el reportaje. Los años en que se elaboró, la publicación que decidió no publicarlas, si fue proyecto personal o encargo obligado... Ayudaría, pero no aclararía mucho. No sabemos si la intención fue publicitar la ocupación como algo beneficioso, denunciar la pasividad parisina o mostrar un París atemporal, hermoso pese a la realidad en que vivía, resistiendo al invasor con indiferencia y altanería. La polémica, como todas las polémicas, ha teñido ya la visión de esas fotos: si ustedes las hubieran visto sin saber el marco temporal, habrían pensado que se trataban de las típica fotos parisinas.

Y ahí quería llegar yo. ¿Hasta qué punto esas fotos no fueron publicadas por su intrascendencia? ¿En qué momento se puede decidir mostrar al público unas fotos insulsas, incapaces de transmitir con fidelidad la situación de París y sus ciudadanos, pero capaces de sembrar la absurda duda de los franceses ocupados agradeciendo la ocupación? ¿Me siguen? Las fotos no muestran un posicionamiento del fotógrafo al respecto, no intentan desequilibrar la balanza. Están ahí, siendo, quizás, uno de los muchos testimonios que quedan de aquella época en que París fue alemana, mostrando, a lo mejor, un trocito de vida de muchos que vivieron, o tuvieron que vivir, al margen de la realidad. Las fotos fallan, en conclusión. No tienen una temática definida, ni un mensaje claro. Ni siquiera se limitan a exponer una situación sobre la que el espectador pueda reflexionar. Son fotos dignas de cualquier turista o aficionado a la fotografía. Y está bien que se exponga, que se muestre un lado más de una época histórica que aún hoy pega fuerte, pero la polémica es estéril. Las fotos no la merecen. 

     ]]></description>
         <link>http://www.bloj.net/adrian/2008/05/ganas_de_polemizar.html</link>
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                  <category domain="http://www.sixapart.com/ns/types#category">Foto</category>
        
        
         <pubDate>Sat, 10 May 2008 04:49:34 +0100</pubDate>
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         <title>Yo ya la tengo en mi iPod</title>
         <description><![CDATA[Lo primero que me dije al empezar el blog fue esto: "no embedearás youtubes que te molen", y en el segundo post ya me estoy traicionando.

Me compré la edición en DVD de <strong>Die Hard 4.0</strong> en Gibraltar no por frikismo recalcitrante, sino porque en España todavía no había salido. Ignoro si en la edición española estará este vídeo. Ignoro (pero supongo) si esto ya será un <em>vox populi</em> de hace meses, pero no puedo parar de escucharla. Que haya sido puesto el vídeo en un dvd oficial además de una entrevista a los miembros del grupo (que esos sí que son unos frikis) sólo lo magnifica. Akoki:

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                  <category domain="http://www.sixapart.com/ns/types#category">Deslices</category>
        
        
         <pubDate>Fri, 11 Apr 2008 18:30:50 +0100</pubDate>
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         <title>Una breve, absurda y poco ocurrente presentación</title>
         <description>Sócrates afirmó en su día que sólo sabía que no sabía nada. Yo no pretendo emular al sabio griego, pero algo de eso hay aquí. Ustedes mismos.</description>
         <link>http://www.bloj.net/adrian/2008/04/una_breve_absurda_y_poco_ocurr.html</link>
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         <pubDate>Fri, 11 Apr 2008 04:29:57 +0100</pubDate>
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