Recuerdos
El principal problema de Internet es la capacidad de memoria que puede llegar a tener si uno se interesa por ella. Hace unos días un amigo me decía que había probado a googlear mi nombre y los resultados eran asombrosos, o al menos eso pensé cuando lo probé yo mismo: de la fotografía, que es a lo que me dedico últimamente (aparte de los videojuegos y la vida de bar, como buen soltero tipo), no se veía rastro hasta mucho después de enlaces dirigidos a weblogs de tiempos pretéritos, en los que nadie tenía una miríada de plataformas para exponer su poco interesante existencia: weblogs, listas de correo tiempo ha abandonadas... mi pasado, mis declaraciones, mis berrinches, mis chistes, mi manera de expresarme, de escribir, de relacionarme estaba toda archivada en Internet, lista para ser revisada.
Que es lo que no debería de haber hecho.
Ahora todo cuanto he podido eliminar ha desaparecido. Si buscan mi nombre en Internet (aunque no encuentro una razón plausible para hacerlo), encontrarán lo que entre una dura lucha entre Google y yo se ha decidido que merece la pena mostrar. No es una cuestión de privacidad, ni de intimidad, sino vergüenza.
Uno siempre ha podido reinterpretar la historia a su manera. La memoria, que es de cada uno y funciona a su vera, nos permite matizar lo que otros recuerdan de nosotros y adecuarlo para los que no entienden de contextos. Internet, muy al contrario, es una máquina precisa que revela tus inconsciencias de hace años, argumentos que no defenderías ni estando tan borracho como estás ahora, declaraciones que te hacen sonrojarte, opiniones que hoy sabes desmedidas e indocumentadas. Todo lo que hiciste, no ayer, sino cuando eras joven e inexperto y andabas experimentando lo que Internet te ofrecía, está hoy disponible para cualquiera que quiera aprovecharse de lo incauto que fuiste al no procurarte un anonimato en condiciones.
Borrar todo lo posible no ha sido tan duro como intentar no mirar lo que había escrito y arrepentirse de muchas cosas. Demasiadas. Triviales, sí, comprensibles, tal vez.
Pero a nadie le gusta mirarse en un espejo y verse reflejado hace años. Supongo.